Desierto

Avanzaba sobre las tórridas arenas del desierto pegando saltitos para no quemarse. Cuando podía se refugiaba a la sombra de dunas, rocas o cualquier cosa parecida a vegetación. Encontrar comida era un reto. El agua, su obsesión. Un viaje muy duro que hacía sólo por comprobar un mito.

Rezaba una leyenda que si viajabas siempre siguiendo el camino del sol, al final llegarías a un lugar con tanta agua que era capaz de apagarlo cada noche y que, con lo que sobraba, todas las tribus del desierto podrían beber varias vidas. 
Eso me contó cuando me encontré con él. Parecía muy ilusionado. No le dije que yo venía de allí ni que aquella agua no se podía beber. Lo descubriría él solo.
Al menos las vistas merecían la pena.

Texto: Pepe Fuertes (@pepefuertes)
Ilustración: Teresa Cebrián (@cebrianstudio)

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